Ocupar el centro sagrado...
Ocupar el centro sagrado que me corresponde. Soportar el camino del guerrero, la soledad que representa el no compartir la locura en sociedad, en comunidad. Vivirse desde el vacío siendo una unidad y alinearse con el compromiso de llenar ese vacío con gestos, actos y palabras que no desentonen con ese lugar mágico desde el cual decido observar el mundo y sentirme libre y parte natural.
¿Quién nos obliga a construir nuestra propia cárcel? Sus muros los elaboramos con violencia, ideas rígidas recogidas de aquí y de allá. Reflejos fantasmagóricos sobre lo que uno es y lo diferencia del otro. Ladrillo a ladrillo consigo encerrarme e incapacitarme de movimientos y alternativas y alienarme desde el centro de mi ser.
La locura la he puesto bajo mis pies, es por ello por lo que no puedo dejar de correr, y mis pies están sucios, mis piernas cansadas y mi corazón… ¿a donde ha ido mi corazón? No siento su latido, ni puedo querer realmente a nadie, el amor se ha alejado de mi lado… Que buena justificación sería culpar a mis padres, a la realidad que me ha tocado vivir en suerte, a la sociedad de todo ello.
BASTA!!!
Pido ayuda, necesito de ese alguien a quien escucho del otro lado y susurra en libertad, y que a pesar de tener el mundo y su belleza a su alcance ha decidido escuchar mis súplicas.
Soy Yo, el mismo que ha construido estos muros, el que busca que Alguien desde fuera desmonte su propia cárcel. En esta contradicción absurda me vivo, aún así no puedo dejar de ver la luz que pasa por cada grieta, cada ladrillo que se deshace en polvo y trae viejos recuerdos de la infancia que igualmente se desvanecen.
Cada día un muro se derriba y cada día doy paseos en la dirección del muro derribado. Cuando sólo queda el muro que da al norte todavía siento el recuerdo del lugar que me esclaviza. Es en su caída, en ese preciso instante, que me veo en soledad en el mundo, tan presente en mí como en mis espacios internos. SOY UNO ocupando el ser desde su centro.
Mis espacios están limpios. Lo sé porque puedo habitarlos, porque poco a poco y en cada batida la luz y la conciencia que soy ha ido entrando hasta alcanzar la calma y la presencia. Mis espacios internos están limpios y uno a uno han vuelto a ocupar su lugar de manera natural, dentro de su estructura de conjunto.
Es en esta armonía cuando uno se descubre, cualquier otra idea, imagen surreal que uno tiene de sí mismo cae aniquilada.
Desde lo cristalino la simpleza se hace de nuevo evidente:
Un árbol es un árbol
Yo soy yo
Tú eres tú
Y, ojalá, pudiera ayudarte.
Gabriel
¿Quién nos obliga a construir nuestra propia cárcel? Sus muros los elaboramos con violencia, ideas rígidas recogidas de aquí y de allá. Reflejos fantasmagóricos sobre lo que uno es y lo diferencia del otro. Ladrillo a ladrillo consigo encerrarme e incapacitarme de movimientos y alternativas y alienarme desde el centro de mi ser.
La locura la he puesto bajo mis pies, es por ello por lo que no puedo dejar de correr, y mis pies están sucios, mis piernas cansadas y mi corazón… ¿a donde ha ido mi corazón? No siento su latido, ni puedo querer realmente a nadie, el amor se ha alejado de mi lado… Que buena justificación sería culpar a mis padres, a la realidad que me ha tocado vivir en suerte, a la sociedad de todo ello.
BASTA!!!
Pido ayuda, necesito de ese alguien a quien escucho del otro lado y susurra en libertad, y que a pesar de tener el mundo y su belleza a su alcance ha decidido escuchar mis súplicas.
Soy Yo, el mismo que ha construido estos muros, el que busca que Alguien desde fuera desmonte su propia cárcel. En esta contradicción absurda me vivo, aún así no puedo dejar de ver la luz que pasa por cada grieta, cada ladrillo que se deshace en polvo y trae viejos recuerdos de la infancia que igualmente se desvanecen.
Cada día un muro se derriba y cada día doy paseos en la dirección del muro derribado. Cuando sólo queda el muro que da al norte todavía siento el recuerdo del lugar que me esclaviza. Es en su caída, en ese preciso instante, que me veo en soledad en el mundo, tan presente en mí como en mis espacios internos. SOY UNO ocupando el ser desde su centro.
Mis espacios están limpios. Lo sé porque puedo habitarlos, porque poco a poco y en cada batida la luz y la conciencia que soy ha ido entrando hasta alcanzar la calma y la presencia. Mis espacios internos están limpios y uno a uno han vuelto a ocupar su lugar de manera natural, dentro de su estructura de conjunto.
Es en esta armonía cuando uno se descubre, cualquier otra idea, imagen surreal que uno tiene de sí mismo cae aniquilada.
Desde lo cristalino la simpleza se hace de nuevo evidente:
Un árbol es un árbol
Yo soy yo
Tú eres tú
Y, ojalá, pudiera ayudarte.
Gabriel

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